Historia de mi lengua corta.

Nunca pensé que el hecho de no saber pronunciar la “erre” cuando era chiquita me siguiera causando problemas cuando grande.  

FullSizeRenderA mis cinco años, gracias a las terapias de lenguaje intensivas pude evitar someterme a una cirugía porque logré decir “carro” o “ cigarro” perfectamente. Pero el lado triste de la historia es no poder limpiarme el residuo de leche en forma de bigote, disfrutar del último pedazo de chocolate  atascado en el fondo estrecho de un cono de helado, hacer el trébol con la lengua, hacer una bomba de chicle o simplemente sacarle la lengua a alguien. Al menos esto ultimo me sirvió para no tener problemas en el jardín.

Hasta el sol de hoy no he dado mi primer beso con lengua; no tengo pelos en la lengua para decirlo (no por los pelos, sino porque ni para eso mi lengua alcanza). Así que si algún día me caso y si algún día me opero, le diré al amor de mi vida que nuestras lenguas podrán hablar el mismo idioma y que es y será para siempre: mi primer beso con lengua.

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