La vejez

La vejez se nos va colando en la vida poco a poco, como si se inyectara una sustancia aceitosa en la nalga, y cuando ya queda toda regada, duele mas. Hasta entiesar la pierna y el cuerpo entero.

La vejez se ve en  los ojos, dejando huellas de la vida,  también se ve en el cuerpo que va cambiando y en el alma, que es peor. Es la  misma que vemos en los jubilados parados en un parque, o sentados en una banca, con la ropa usada de tres días, mas ajada que la cara  y con apariencia de pijama, mirando todo y no mirando nada, hablando de todo y sin hablar de nada.

Al hombre al macho, le cuesta mas sobrellevarla. Es como un toro, que pierde su bravura después de ser atravesado por la banderilla de la vida, termina agachando la cabeza antes de estirar el  lomo.

En la casa de los viejos no debería existir los espejos, o por lo menos espejos grandes,  deberían ser tan pequeños que solo quepan los ojos con anteojos hasta el día en que volvamos a la tierra igual que cuando nacimos, arrugados, sin dientes y sin pelo.

.. Y Por ahora, sigamos disfruntando de los grandes espejos en casa.

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